Fueron 24 años de penitencia en medio de una pasión arrebatada que acumulaba tristezas, con el ahogo de locas administraciones, cuando cercaban las hienas y los títulos eran ajenos.
Fueron tantas fatalidades, tantas lágrimas, tantos archivos desempolvados para inspirar el futuro que esquivaba la alegría de los goles y las estrellas se escapaban.
Del infierno al paraíso.
Superada la pandemia de malos entendidos y errores administrativos, apareció la trasparencia y con ella se potenciaron el club y el equipo. Emergieron entonces los rechazados que tocaron el cielo; los que trajeron la gloria para el hincha.
Mayer, por ejemplo, a quien tardó el grueso público en Indultar, menospreciado en extremo. Wilberto Cosme quien silenciaba con goles el oprobio del silbido o el insulto desgarrado. Ramírez, con el espíritu guerrero pidiendo un puesto justificado y Hernán Torres señalado por aspirar a mucho y ganar poco, cambiando conceptos con sus métodos. Robayo, en paciente espera hasta desplegar su influencia y liderazgo y Wason cuestionado por sus lesiones y su intermitencia, siempre determinante en el área de gol. A Otálvaro lo linchaban desde los medios y a Delgado no le daban aprobaciones en medio de las dudas. Así es el fútbol, tan complejo, tan extraño.
Al rescate del honor llegó este equipo sin perfume en muchos de sus jugadores, inspirado en la vitalidad de su afición, en el optimismo de sus directivos, en el compromiso grupal, en el profesionalismo general y en la calidad de su juego.
La final áspera y nerviosa es una anécdota. No lo es la campaña, siempre arriba, en la punta, sin admitir presiones de los rivales. Invencible en tantas fechas, goleador y, sobre todo, conducido con acierto por Torres, el técnico campeón y por el presidente Gaitán hombre de firmes posturas. Fue, Millonarios, una familia sin fisuras.
Millonarios fue el mejor a lo largo del torneo y en tantos partidos desplegó sus encantos para ganarse el respeto. Supo llevar en la última etapa de su ciclo, esta especial obra de teatro, con suspenso y emoción, con llantos y explosión, al verde césped donde todos coronaron su sueño.
Bogotá esta de fiesta, como lo estuvo con Santa Fe en el intermedio a mitad de la temporada.
Mención especial para el Medellín y para el 'Bolillo'. Astuto, inteligente, vivo en extremo. Supo el rojo sobrellevar sus adversidades, con altura. Fue un rival de respeto hasta el último minuto.
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