
"Las prostitutas en la calle se comportan tan mal que puede deducirse de ello el comportamiento de los burgueses en su casa" - Karl Kraus.
Por. Carlos Andrés Aguirre González.
Y si las hay en la literatura, en el cine, en la historia y hasta en nuestros barrios... ¿por qué no puede haberlas en el fútbol? En este deporte también las hay, de todas las estaturas, colores de piel, vicios y atributos, que aunque poco sensuales para muchos, es lo que vende y hace que los “comensales”, amantes de estas figuras, pongan en la mesa sus mejores ofertas (dólares, euros y bonificaciones) para llevarlas a los aposentos de sus clubes.
Hace una semana José Fernando Salazar, presidente del Itagüí Ditaires, dijo en una reunión de presidentes en la Dimayor: “Los jugadores de hoy son unas prostitutas vestidas de uniforme". Al otro día, como de esperarse en el país que, como diría el asesinado e ilustre periodista Jaime Garzón, “la gente se escandaliza porque una persona dice hijueputa en público, pero no se escandaliza cuando ven tantos niños pidiendo limosna”, la mayoría de medios de comunicación abrieron sus portadas deportivas, y hasta de actualidad, con la polémica frase.
Quizá su error señor Salazar fue generalizar, porque aunque sí son muchos, no son todos los futbolistas que pueden caber en su símil. Las palabras, en este caso, se van acomodando, óigase bien, ¡acomodando!, a un contexto y a una evolución del lenguaje; prostitutas, prepagos y damas de compañía… en el fútbol creo que pasa lo contrario: pecho frío, mercenario y, como usted los llamó señor Salazar, prostitutas.
Sus palabras, a mi parecer, no estuvieron fuera de contexto, la comparación es válida y muchos, incluyéndome, lo hemos pensado alguna vez. Pero se le olvidaba, que en parte de esta sociedad los principios y la moral son convenientes, las personas se alarman por escuchar la palabra prostituta u otros salen con un discurso “copy paste”, como el vicepresidente Garzón que dijo: "Los futbolistas son personas de carne y hueso. Se le olvidó a este doctor Salazar una cosa tan elemental de que los jugadores tienen derechos…”, y a usted señor Vicepresidente se le olvidó que las prostitutas, hasta donde yo sé, también son personas de carne y hueso, y con los mismos derechos que tiene una persona como usted o como cualquier otro ciudadano.
Yo he visto en lugares de lucecitas de colores, donde una voz medio ronca anuncia los nombres de chicas preparándose para bailar en una barra, allí dejan caer poco a poco sus prendas al ritmo de un “chis pun, chis pun” de fondo, mientras besan a uno que les dio 20 y después al que les dio 25. También he visto en televisión y en la prensa jugadores que un día están besando un escudo y al otro año uno de colores distintos, sólo por un cero más en sus contratos. ¿Hinchada?, ¿amor por una camiseta?, ¿principios?... no saben qué es eso.
Esta comparación no sólo se podría hacer con algunos futbolistas, sino con muchos otros trabajos. ¿Saben por qué?, porque somos seres humanos, diversos en todo… hasta en los defectos, intereses, y en la mayoría de casos, egoístas por naturaleza. Así que no nos alarmemos por una palabra o por un improperio, y por favor, respeten a las prostitutas, no han hecho nada malo como para que se les compare así.
Entre el tintero...
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