

Los tristes tienen dos motivos para estarlo.
Albert Camus
Por: Carlos Andrés Martínez Buelvas / Twitter:@carlitos703
Deportivo Pasto ha marcado el tercer gol al Junior, el estadio ha quedado en silencio, los estaderos vacíos y los hogares que prepararon su día para recibir la victoria del equipo de la ciudad apagaron sus televisores ya que han sufrido el más duro de los golpes para un hincha, la “eliminación” psicológica pero no matemática. Varios muchachos huyen raudos creyendo que habrá disturbios por la inesperada derrota todo parece estar calmo, sin embargo la gente corre sin mediar palabra.
Una muchacha llora desconsolada por la eliminación, “fue la primera vez que los hinchas de Junior queríamos que ganara el Tolima” dice al pasar sus manos por la cara, quizá tiene pena de que vean su incesante llanto; un amigo de ella comenta: “el hincha es tan noble que no comprende cuando un técnico comete errores”.
Un señor apaga su radio y tira con impotencia las baterías de éste al suelo, otro mira con repudio al que intenta escribir estas líneas y le hace un ademán obsceno, el ofendido retrocede como si meditara sobre la derrota, sus ojos tratan de decir lo que a sus labios cuesta, hasta que él explota y asegura “en este partido era preferible la ignorancia de ganar como la llamó Fontanarrosa que perder”, tal vez fue el primer motivo de tanta tristeza reunida en las calles, ya que el segundo inicia con el primero; cuando las lágrimas llegan.
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