
Júzguelo usted, que tiempos vivimos, una especie de combinación entre baladas al amor y “cambalache”; Mensajes de fútbol y bombas a punto de explotar. Broncas por eliminaciones o angustiosa vigilia de un título. Mundial a la vista y estrellas decapitadas; talentos sin humildad y veteranos al mando. Tantas, tantas cosas.
Tenemos un portero que purga, así no lo acepte, casa por cárcel en Barranquilla, porque regaló dos goles en copa Libertadores (Adrián Berbia); un compañero que fue liberado por la justicia y no ha podido evadir la condena social de haber asesinado (Javier Flórez), le impiden jugar, que equivale a trabajar.
Un goleador redimido, que en su reencuentro con el licor, duerme plácido en la camilla del quinesiólogo, mientras sus compañeros entrenan y su esposa se aleja… y este, el quinesiólogo, participa en las charlas técnicas con la anuencia del entrenador…¡habráse visto!
Un árbitro protegido que se proclama el mejor, que va al Mundial, si dirige allá como acá, asegurará el fracaso. Otro que saca del campo a empellones a un jugador (Leo Jaimes- a Laborde) en un inusitado alarde de autoridad. Un portero que promete fidelidad y amor eterno, al marcharse, con la promesa de volver… y es figura, es un profesional (Aldo Bobadilla).
Un dirigente que quiere traer a Orteguita, el de River, sin importarle sus alianzas con la noche; un joven goleador (Luis Fernando Muriel) que se rebela a sus dirigentes, obedece a su empresario y cambia de rumbos en su trasferencia. Se ve envenenado y sin humildad, por el ejemplo nocivo de su maestro, en la selección. El mismo maestro que llegó a su cargo, recomendando por un utilero, al que luego despidió.
Un abuelo de 41 años que da lecciones de sacrificio y entrega, cada ocho días (’Chaca’ Palacios) y una brusca eliminación de Copa, con duras lecciones que aterrizan (Once Caldas), lo que se denomina un baño de realidad .
En la antesala del Mundial, futbolistas y entrenadores reconvertidos en periodistas y periodistas reconvertidos en entrenadores de micrófono. El entrenador nacional (Hernán Gómez) regañado por su jefe por pretender hacer de analista en una estación de televisión, pero este, su jefe, es promocionado como tal en otro medio.
Hinchas sin memoria que solo juzgan resultados y no campañas; un viejito en años, rostro y posturas, que en el ocaso de su carrera, payasea pidiendo tarjetas y manipulando conductas de rivales por medio de su lengua, alejado de su otrora reconocida capacidad (Mirar por Nacional).
Un alcalde que se asoma (Ospina en Cali) tratando de salvar a un arruinado equipo que mancha la historia, ahogado por las deudas y la incapacidad de quienes lo manejan, penurias que abruman a su caudalosa hinchada, que quiere morir con él, con el club.
Un equipo famoso (Millonarios), salvado a la orilla del abismo, por un mediador nacido en Medellín, ciudad sede de su más encarnizado rival… ¿no será su hincha fiel? Estadios cerrados por el Mundial juvenil y fútbol en quiebra por la inhabilidad para administrar.
Un gordo que quiere volver a redimir su fama de goleador (Iván Valenciano). Y, al cierre, un final de torneo que se antoja emocional, siempre y cuando los árbitros, no lo lleguen a empañar…
Las cosas que vemos… y que conste, faltan más.
Esteban Jaramillo Osorio
Nuevo Estadio
Bogotá





Mayo 18th, 2010 at 17:15
Esteban, nunca dejas de mostrar tu anticaribismo, ni siquiera puedes disimularlo… Hablaste de Berbia (cada quien se labra su suerte y él no es la excepción) y de Javier Flórez con nombres propios pero “omitiste” el del goleador “redimido”…